¡Paren el mundo que me quiero bajar! Gritó Mafalda

Neopopulismo: una manipulación silenciosa

Por Maria Eugenia Fanti

El mundo se desplaza hoy en dos vertientes que observo desde afuera con cautela y estupor, por un lado un chauvinismo acrecentado y por otro lado la reafirmación de lo que el periodista libanés-francés Amin Maalouf llama las identidades asesinas. Y no contentos con esto, se asoma una tercera vertiente que acrecienta el odio para ganar votos: el neopopulismo.

El neopopulismo es una demagogia que puede llamarse de izquierda o de derecha, hueca en filosofía, creada entre los años 80 y 90, que combina elementos tradicionales del populismo con nuevos enfoques comunicacionales y económicos.

Iniciaré este pequeño análisis del neopopulismo enfocándome primero en el aspecto del discurso comunicacional del líder y del partido que lo respalda. Cabe destacar que al igual que el populismo, el neopopulismo se caracteriza por liderazgos carismáticos y nacionalistas, donde el presidente es el ungido, el elegido, el salvador del pueblo; utiliza la división del pueblo entre ricos y pobres, parte del pueblo es idealizado y la otra se señala como culpable, siempre hay una élite corrupta culpable de todos los males, es lo que se conoce como la narrativa dicotómica; se hace uso estratégico de las elecciones, se promueve una forma de democracia directa que a menudo se traduce en consultas, referendos o mecanismos que refuercen el poder del líder.

Otras características del neo-populismo es el uso intensivo de las redes sociales como estrategia para combatir los medios de comunicación y canales convencionales; el anti pluralismo es otra característica que refuerza el neopopulismo, así como el debilitamiento de las instituciones tradicionales, en este proceso se deslegitima a la oposición política, medios de comunicación críticos, ONGS y al sistema judicial, presentándolos como los enemigos del pueblo.

El neopopulismo también se vale de lo que se conoce como chauvinismo que es una actitud o creencia que implica una exagerada y desmesurada admiración o devoción hacia algo propio —como la nación, el género, el grupo étnico, o una ideología— acompañada por el desprecio hacia lo ajeno. Este chauvinismo resalta lo nacional y estimula la lucha de la población por mantener su soberanía y protegerla de posibles enemigos exteriores que pueden ser: otros países y organizaciones internacionales como la ONU, OTAN, entre otras. Se pueden reforzar grupos xenófobos y alentar políticas proteccionistas para resguardar el país que corre peligro de ser invadido por entes y culturas externas.

Como lo mencioné al principio de este artículo, lo peligroso del neopopulismo es que puede adoptar discursos de derecha o de izquierda, ya que su objetivo maquiavélico de control social supera cualquier ideología de turno. Por ejemplo, si se trata de un gobierno de izquierda populista, el discurso hace énfasis en la redistribución de las riquezas, la justicia social y el antiimperialismo, hemos escuchado ya muchos presidentes en esta tónica: Claudia Sheinbaum, Lula Da Silva, Evo Morales y así muchos otros.

Cuando el discurso populista es de derecha, por lo general, se centra en temas como: el orden, la seguridad, la importancia de combatir la inmigración y de retomar valores tradicionales. Ambos discursos tanto los de la derecha como los de la izquierda populista se centran en generar emociones fuertes en el espectador como: el miedo; de allí surgen ideas como: “hay que expulsar a los inmigrantes de aquí porque son los que cometen crímenes, porque casi todos son ilegales y no estamos seguros con ellos.” Estos discursos utilizan también la indignación, la rabia, el odio para atraer seguidores, por lo tanto, se escoge a otro grupo a quien echarle la culpa y a ese grupo se extrapola incluso la causa de cualquier desencanto personal, un ejemplo, es el discurso de Chávez cuando decía: que los culpables del hambre y de los pobres en Venezuela y la inseguridad, eran los gobiernos anteriores o el culpable era Estados Unidos, cuando mucho era el resultado de las propias políticas chavistas.

Estos discursos del neopopulismo se caracterizan por dar un mensaje de esperanza, donde en medio del caos apocalíptico que muchas veces ellos mismos  han creado, se perfilan como la única solución posible, es decir, ellos te garantizan que ahora si tendrás lo que esperabas: prosperidad y felicidad. Es la promesa, el apretón de manos para que votes por ellos una y otra vez. Tienen la tecnología para jugar con los sueños del espectador bajo la premisa de un discurso polarizante, pero convincente.

El fin de la meritocracia

Si algo aflora con el neopopulismo es el fin del mérito, las ideas y las personas pensantes, ya que poco a poco la élite científica, universitaria y técnica de un país va perdiendo respeto. Si un médico de carrera y experiencia dice que es importante la vacunación, pero el discurso del líder señala que la vacunación es la causa de las enfermedades, la población convencida desestimará lo que diga el científico y muy probablemente dejarán de vacunarse, no citaré ningún caso específico porque sería explayarme y no viene al caso. Ambos discursos neopopulistas tanto de derecha como de izquierda resaltan la idea de desacreditar a los expertos, eruditos o técnicos, en favor del «sentido común del pueblo», lo que puede traducirse en políticas simplistas o poco viables a largo plazo que además, sobre todas las cosas, carecen de sentido común, por eso no es de extrañar que en pleno siglo XXI haya grupos que defienden que la tierra no es redonda, sino plana.

La base de la deslegitimación de la ciencia y la educación tradicional tiene además un fin oculto mucho más maquiavélico y es la idea de “refundar el país” porque lo pasado ha sido malo. De allí surgen todas las promesas de reestructuración del país para hacerlo de nuevo, de allí vienen eslogans como el de MAGA: “Let’s make America great again”, “Hagamos América fabulosa de nuevo”. La idea del neopopulismo es romper con el pasado y hacer un país nuevo con soluciones rápidas para problemas estructurales históricos, a menudo sin planes claros ni sostenibles a largo plazo.

La Economía importa

Con la idea de no extender tanto este artículo y ya dejando claro algunos puntos del discurso comunicacional neopopulista, quiero pasar al tema económico. Algo clave que diferencia al neopopulismo del populismo tradicional es el uso de un contexto democrático y neoliberal para ejercerlo. Y es que todos los líderes neopopulistas de izquierda o derecha resaltan y aplican políticas de mercado. Una de ellas es la creación de programas sociales focalizados en asistencia directa a grupos específicos para consolidar apoyo político y votos. Además, a diferencia del populismo clásico que rechazaba el libre mercado, el neopopulismo puede implementar políticas económicas liberales o de ajuste estructural, mientras mantiene un discurso nacionalista o popular.

Aunque se mantiene el funcionamiento formal de la democracia, el neopopulismo tiende a concentrar el poder en el Ejecutivo y a erosionar contrapesos institucionales. Así muchas de las medidas económicas solo las decide el líder, quien también decide cómo, cuándo y dónde implementarlas.

Como lo he venido explicando a lo largo de este artículo, el neopopulismo puede adaptarse tanto a discursos de izquierda como de derecha. Lo importante es la forma del ejercicio del poder, no necesariamente el contenido ideológico. Por lo tanto, con este artículo no busco exponer mi punto de vista, ni mis ideas políticas, busco dejar una huella, un pequeño camino, que nos permita a todos, ya sea a los de derecha o a los de izquierda, por un minuto salir del fanatismo y abocarse a la fuerza de la razón. Soy fiel creyente que los grandes cambios de la humanidad más que de políticos, vinieron de los hombres de a pie que cambiaron el mundo por la fuerza de sus ideas lógicas: Copérnico, Da Vinci, el mismo Maquiavelo, por citar algunos. En un mundo que hoy más que nunca nos parece caótico, solo nos queda la fuerza de la razón.

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